Desde hace ya más de cuatro décadas el interés de la psicología y la ciencia occidental en las practicas contemplativas se ha venido extendiendo y profundizando. A partir de los primeros resultados documentados sobre el protocolo más difundido de mindfulness secular, el Mindfulness Based Stress Reduction de la Universidad de Massachussets, hasta nuestros días el mundo de la salud mental ha volteado a ver una prometedora confluencia de la psicología con un emergente campo interdisciplinario, llamado ciencia contemplativa, que estudia el efecto de las prácticas contemplativas en la mente, el cuerpo y el cerebro, utilizando metodologías con rigor científico.
Hoy en día cuando hablamos de prácticas contemplativas nos referimos a métodos y estrategias de entrenamiento mental y conductual que impactan estructuras neuronales, funciones psicológicas y rasgos conductuales. Son muy variadas las formas que tienen las prácticas contemplativas y se pueden encontrar en muchas tradiciones alrededor del mundo; el budismo es tan solo una de tantas tradiciones y suele ser un referente por sus métodos. Cuando las prácticas están bien estructuradas, tienen el potencial de incidir de forma positiva en procesos cognitivos como la atención o la regulación emocional, y por supuesto, la conducta.
Desde su origen han tenido como propósito el autoconocimiento, pero también el desarrollo de habilidades prosociales. Es por ello que el mundo de la psicología, en particular las terapias de tercera generación o de la tercera ola, han dado cabida e intrumentalizado – de lo malo, lo bueno y lo feo de esto hablaremos en otra entrada – a un catálogo de practicas contemplativas. Pues al incorporar este tipo de prácticas en sus intervenciones y protocolos se han ido evidenciando, no solo en laboratorios de investigación, sino en la práctica clínica cambios que contribuyen al sentido de bienestar de los consultantes.
Así pues, estas últimas decadas en occidente hemos sido testigos del surgimiento de la psicología contemplativa como un enfoque de acompañamiento terapéutico que combina la psicoterapia occidental con la psicología y las prácticas contemplativas de la tradición budista – no solo occidente se interesó por el funcionamiento de la mente y la conducta. Este enfoque implica la integración de un marco teorico sobre la conducta y la mente, la meditación y la atención plena en el acompañamiento terapeútico.
La psicología contemplativa utiliza técnicas de meditación y otras prácticas contemplativas para ayudar a los consultantes a cultivar una mayor conciencia de sus pensamientos, emociones y patrones de comportamiento. El objetivo del acompañamiento contemplativo es ayudar a los consultantes a desarrollar una mayor claridad y comprensión de su experiencia interna y sus patrones de comportamiento, lo que puede llevar a una mayor resiliencia emocional, una mayor autoestima y una mayor capacidad para manejar el estrés y la ansiedad.
En el acompañamiento contemplativo, el terapeuta trabaja en estrecha colaboración con el consultante para ayudarlo a identificar y comprender sus patrones de pensamiento y comportamiento, y para desarrollar nuevas formas de responder a los desafíos y dificultades de la vida. En otras palabras, al integrar una perspectiva informada por la psicología budista, la meditación y la atención plena en el acompañamiento terapéutico, el consultante puede desarrollar una mayor conciencia de sus patrones mentales y emocionales, y a aprender a responder a ellos de una manera más saludable y efectiva.










